Atrapado en
las redes de la araña
ciega tanto
la luz como la sombra.
Por las
calles se extiende la maraña
absorbiendo
el criterio que lo asombra
Entregada a
la espera del mañana
la ciudad
mueve vertebras, repletas
de ilusiones
que enredan las ventanas
y sacuden
nostalgias y siluetas
Eu hombre
urbano, sentado en una silla,
el corazón
furtivo en el espejo,
ve los
sitios que roen las polillas.
Y rememora
algunos llantos viejos,
pupilas
irritadas y amarillas,
y silencios
que suenan desde lejos

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