“A vosotros se atreve,
argentinos,
El orgullo del vil invasor.
Vuestros campos ya pisa cantando,
Tantas glorias, hollar vencedor “
El orgullo del vil invasor.
Vuestros campos ya pisa cantando,
Tantas glorias, hollar vencedor “
Tierra hospitalaria y generosa.
¡Querida Patria mía! Patria de nadie,
O apenas, Patria de unos pocos!
Tus lugares de miel y sol en los trigales,
Donde, de tanto en tanto. algunas alas de palomas,
Suelen anclar en ti, para habitarte.
Donde, de tanto en tanto. algunas alas de palomas,
Suelen anclar en ti, para habitarte.
Hace mucho ya, de la invasión primera.
Ríos de sangre corren por tus latitudes.
Hace mucho ya que te abordaron,
Los terribles delincuentes continentales.
Nomades del infortunio. Técnicos en piratear
Desterraron tu sol nativo para siempre, Y fueron a dejarte,
Sin otra nacionalidad más que los símbolos,
Que te titulan LIBRE por las calles
Y te conocen, de memoria, el corazón
Sin tiempo de tus cárceles.
Ríos de sangre corren por tus latitudes.
Hace mucho ya que te abordaron,
Los terribles delincuentes continentales.
Nomades del infortunio. Técnicos en piratear
Desterraron tu sol nativo para siempre, Y fueron a dejarte,
Sin otra nacionalidad más que los símbolos,
Que te titulan LIBRE por las calles
Y te conocen, de memoria, el corazón
Sin tiempo de tus cárceles.
Sí… tu sien ya coronada de laureles.
Sí… tus alas ya cubiertas de gloria.
Tu pueblo y tus guerreros no son la misma cosa.
Tu origen soberano en las raíces,
Vuelve a ser negado y apaleado.
Tus bravos guerreros ultrajados;
Mientras tu multitud de acero
Empuña la razón de las comadrejas,
Y el oscuro miedo de los viejos y de los lisiados,
Para entregarte… ¡Pobre Patria mía!
Vuelve a ser negado y apaleado.
Tus bravos guerreros ultrajados;
Mientras tu multitud de acero
Empuña la razón de las comadrejas,
Y el oscuro miedo de los viejos y de los lisiados,
Para entregarte… ¡Pobre Patria mía!
Y he aquí, ahora,
El surco de tu huella incierta.
El aire de tu paso lastimado.
Tu tiempo de vejaciones,
Tu sitial en las injusticias.
El eje patriarcal de las cadenas,
Escalan, de nuevo, tu altura interminable.
Porque habrá otro MAYO inesperado,
Clamando tu raíz, laurel sagrado.
Y habrá un fragor airado resurgiendo
Desde el Norte de Guemes
Hasta el frío inclemente del Antártico.
Bajará por la espina dorsal de los andes
Y abrirá los senderos,
Atravesando llanuras y montañas.
Y será un cielo nuevo
Remontando las selvas y las aguas.
Por todos tus héroes traicionados.
Por el destierro de tu madre india.
Habrá otro MAYO ¡Virgen altiva!
Tierra ilimitada.
Tierra de nadie, o apenas,
tierra de unos pocos.
“Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir,
Coronados de gloria vivamos
¡Oh juremos con gloria morir!“

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