Habremos caminado como murciélagos
por las noches de las sombras, ocultas
en las altas copas de los árboles;
chocándonos las ansias en el aire;
por el gesto taciturno de las calles,
hasta el final de los techos
y las telarañas de los cables.
por las noches de las sombras, ocultas
en las altas copas de los árboles;
chocándonos las ansias en el aire;
por el gesto taciturno de las calles,
hasta el final de los techos
y las telarañas de los cables.
Habremos deambulado como búhos sin savia
por la vecina soledad de las montañas,
llevándonos por delante los surcos sin arar
y el llanto de las vacas.
Muriendo, un poco, en cada verde
y en cada amarillo dorado de sol,
por la espiga madura donde el tiempo,
otra vez,
se equivocó.
por la vecina soledad de las montañas,
llevándonos por delante los surcos sin arar
y el llanto de las vacas.
Muriendo, un poco, en cada verde
y en cada amarillo dorado de sol,
por la espiga madura donde el tiempo,
otra vez,
se equivocó.
Nos habremos arrastrado como ratas por el suelo,
contándole las patas a las cucarachas,
siguiendo las huellas de los gusanos;
a la espera infructuosa
de las alas de las mariposas,
y de la floración primera
de lirios y amapolas,
en los rústicos balcones de la nada.
contándole las patas a las cucarachas,
siguiendo las huellas de los gusanos;
a la espera infructuosa
de las alas de las mariposas,
y de la floración primera
de lirios y amapolas,
en los rústicos balcones de la nada.
Pero,
si en el gris de cualquier parte,
hay una mujer desnuda en un letrero.
Si nos invade
el canto de un jilguero,
el ruido a multitudes,
a trenes suburbanos
y a trajinar de andenes:
es el rayo de luz que nos renace
a la altura de esta Patria inagotable.
si en el gris de cualquier parte,
hay una mujer desnuda en un letrero.
Si nos invade
el canto de un jilguero,
el ruido a multitudes,
a trenes suburbanos
y a trajinar de andenes:
es el rayo de luz que nos renace
a la altura de esta Patria inagotable.
Entonces,
no es posible
venir a anclar entre las sombras
del frío del puerto
donde fueron a dormirse las gaviotas.
no es posible
venir a anclar entre las sombras
del frío del puerto
donde fueron a dormirse las gaviotas.

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