Y veníamos de la América ultrajada,
del
principio de los valles, que rezaban
algoritmos
de sueños y de vacas.
Recopilando
sudor de frigorífico en las anchas espaldas.
En
las manos sangre, con olor a sangre que respira y habla,
del
dolor del hambre en los pueblos parias.
Veníamos
de la historia que esculpe y labra
la energía caliente, sanguínea y apasionada,
de
nuestros héroes vehementes...
Del
San Martín sin insignias,
del
Bolívar derrotado por la Colombia partida,
y
del exilio de Artigas...De la América dividida
La
oligarquía portuaria,
.Importadora
de represión despiadada,
“¡Bella indiferencia!” "¡Los años felices!",
y fue todo humo en el cielo vegetal de las
palabras,
palabras
que no decían, palabras que se callaban,
siempre
a espalda de los sueños, siempre de cara al Imperio,
igual
que puñales que punzan el alma.
Nos
percatamos del despojo de los bosques
de
la espina vegetal que surte el aire de las flores
No
había barcos ni trenes.
Ni
teléfonos, ni luz, ni agua corriente.
Había
bancos, prestamistas, financieras.
Piratas
de guante blanco, pioneros del manoseo
cómplices
de la opresión, compinches del extranjero,
de
las mañanas inciertas del mundo especulador.
Devastado
el horizonte
-harapos
de la patria que naufragó en el norte
de
todos los infiernos-.
Alzamos
nuestras voces y fuimos a votar.
Poco
tardó en dar las mieses, nuestro cultivo hecho al azar
y
hubo en las cestas de penitentes, granos dorados como manjar
En
alegres melodías, los cantos de las
sirenas,
llegaban
a nuestros puertos y anclaban en sus riberas
En
los ríos prodigiosos, de aguas claras, transparentes,
como
ramos que engalanan
florecían
las siluetas de los peces.
En
la patria había olor a primavera,
Y la abundancia galopaba en la pradera.
El
pueblo trabajador lubricaba el engranaje
arraigando
su señorío, la identidad del paisaje.
Fue
encarnizada la lucha para liberar las aves,
para
que en los campos suenen cascabeles tan pujantes
y
que, de este lado del sueño, alas dignificantes
como
pájaros despiertos surcaran la faz del cielo
Mas
no bastó la firmeza de aquellas manos crispadas
ni
los pequeños brotes de la luna encendida
ni
el constante Universo de semillas
ni
la piedra escondida a un costado del alma
Fueron
a caminar las sendas de los arrepentidos,
enarbolando
banderas como gritos
y
fusionando los gritos con el alba.
Y
ahora humo. Y ahora nada.
La
noche quieta. Los grillos callan.
La
ciudad que sueña el sueño de las murallas
Un
ángel vulnerable abre las puertas de las crucifixiones
Las
mentiras se clavan como insultos filosos
sobre
las traiciones.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario